
Un oficio aprendido con las manos.
Sobre Cristina
Cristina Korres lleva años trabajando la piel en un pequeño taller del norte de España. Cada bolso empieza con una piel elegida una a una, curtida con vegetales en Ubrique, donde se cuida el oficio desde hace siglos.
No hay prisa. Una pieza puede llevar semanas: cortar, biselar, coser a mano, pulir cantos, dejar descansar. El tiempo es parte del material.
Las piezas no son numerosas. Tampoco lo pretenden. Cada bolso nace para acompañar muchos años, ganar carácter con el uso, recordar el gesto de quien lo hizo.
Cristina firma cada pieza por dentro. Una marca pequeña, casi invisible. La señal de que alguien estuvo ahí, despacio, haciendo bien una cosa.